COLEGIO NACIONAL DE PERIODISTAS BOGOTÁ

Colegio Nacional de Periodistas

El periodismo, una profesión de riesgo

Por: Enrique Rodríguez Balsa. RRHH DIGITAL.
Durante los últimos 25 años han sido más de 2.300 periodistas y reporteros los que han fallecido en el ejercicio de su profesión. La mayoría lo ha hecho cubriendo la actualidad en zonas de guerra como Afganistán, Siria e Irán, pero también en otros países como México, China y Filipinas. Solo en 2018 fueron 80 los asesinados, un 8% más que el año anterior. Una situación que el comprador de seguros Acierto.com ha analizado con motivo del Día Mundial del Periodista. Porque, ¿a qué riesgos se enfrentan estos profesionales y cómo pueden protegerse?
La dificultad más llamativa es la que tiene que ver con los conflictos armados y la guerra: un contexto en el que la impunidad alimenta la violencia y refuerza la necesidad de incrementar la protección de aquellos profesionales que cubren la actualidad en zonas peligrosas y que también son víctimas de secuestros, desapariciones y chantajes gubernamentales.
Cómo protegerse: seguros para corresponsales de guerra. Dicho lo cual, el comprador de seguros Acierto.com remarca la importancia de contratar
una póliza que les proteja -a ellos y a los suyos-. Aquí hay que diferenciar entre los corresponsales de guerra o en zonas de conflicto del resto. Respecto a estos primeros, la suya puede ser considerada como una profesión de riesgo, algo que podría conllevar una sobre prima. En cualquier caso, lo más importante es que el seguro responda a una
emergencia, especialmente si se requiere de un ingreso en el hospital, o de la repatriación urgente al país de origen. Además, convendría revisar el apartado de las limitaciones relacionadas con la visita al psicólogo, algo esencial si tenemos en cuenta que ciertos corresponsales de guerra cuentan con estrés postraumático.
Más allá de los corresponsales de guerra
Más allá de los conflictos armados existen otra clase de riesgos a los que se
enfrentan estos profesionales. Nos estamos refiriendo a la imposibilidad de
trabajar, a los sesgos políticos, a los intereses empresariales, a los depredadores de la libertad de prensa y a la censura e incluso a los misérrimos sueldos de falsos autónomos a los que muchos se ven abocados.  De hecho, no son pocas las noticias que ilustran cómo los periodistas estadounidenses se alzan continuamente contra Trump; ni tampoco aquellas que revelan la cantidad de EREs que numerosos grupos de comunicación han realizado desde el inicio de la crisis económica. Por no mencionar a los graduados que cada año salen de la universidad -más de 3.000- y de la demanda de esta carrera, que no se ajusta en absoluto a la capacidad de absorción laboral del mercado.

No es de extrañar pues que el aumento del paro y la precariedad laboral se
postulen como las grandes preocupaciones de este colectivo. Sobre todo si
tenemos en cuenta la reciente incorporación de robots periodistas o Inteligencias Artificiales a redacciones como la del Washington Post con motivo de eventos como las Olimpiadas, etcétera. Una iniciativa que ha sido vista como una amenaza. Aquellos que sí trabajan, por otra parte, han de enfrentarse, en numerosas ocasiones, a dificultades de conciliación -por el horario- e incluso algunos han experimentado problemas físicos y psicológicos derivados del horario laboral y la excesiva carga de trabajo.